En la esquina más trabajadora de Encarnación, un grupo de mujeres ofrece productos frescos todos los días. Frío, lluvia o 40 grados, ellas están para que no falte nada en la mesa.
Ahí, desde tempranito, las vendedoras se instalan con sus canastos y mesas llenas de productos frescos. Tomates, lechuga, mandioca, frutas de estación… todo lo que necesitás para la casa.Lo que más llama la atención es la constancia. Aunque llueva, aunque haga frío polar o calor de 40°, ellas están. Con sombrilla, con campera, con abanico… pero están.»Es nuestro trabajo. La gente nos espera y nosotros no le podemos fallar», comentan entre risas mientras acomodan la mercadería.Los vecinos ya las conocen. Pasan a comprar el yuyo, el locote o la fruta y de paso saludan. Es una esquina que además de vender, genera comunidad.Un ejemplo de lucha y de amor por el trabajo que mantiene viva la economía local.



