Un viernes 10 de julio por la tarde llegaba a nuestro país el Santo Padre, en su primera y única visita a Paraguay como Sumo Pontífice. Fueron tres días de alegría, espiritualidad y mucha emotividad.

Bacheos, hermoseamientos y arreglos se realizaban en varios puntos del país, durante las semanas previas a la llegada del papa Francisco, como todo anfitrión que ordena la casa para recibir una visita.

Corría el año 2015 y la población paraguaya, mayoritariamente católica, esperaba con ansias poder ver de cerca a Jorge Mario Bergoglio. Aquel viernes 10 de julio, a minutos de a las 3 de la tarde, procedente de un vuelo de Bolivia, aterrizaba en el aeropuerto Silvio Pettirossi el papa Francisco.

Lo recibió el presidente Horacio Cartes, quien lo invitó a presenciar una presentación de danza paraguaya y a escuchar a un coro de niños, en una imagen que parecía recrear el el pasaje bíblico de Mateo 19:14: “Dejad que los niños vengan a mí”, frase similar a la utilizada por Bergoglio, quien pidió a los organizadores permitir que los chicos se acerquen a él.

De allí salió rumbo al penal del Buen Pastor, donde hizo una parada que se limitó al acceso principal a la penitenciaría, donde ya se había formado un cordón de internas, quienes prepararon un coro para recibir y cantar al papa.

Francisco subió al papamóvil que lo llevó hasta la Nunciatura Apostólica, donde se preparó para una reunión con las autoridades en el Palacio de Gobierno, donde finalizó su primera jornada.

En su segundo día utilizó el automóvil Peugeot al que había subido Juan Pablo II 27 años antes. Bergoglio llegó en este vehículo al Hospital Acosta Ñu, donde compartió con los pacientes pediátricos y los bendijo.

En otro auto, el papa viajó hasta Kurusu Peregrino, punto desde el que abordó nuevamente el papamóvil para ir hasta la Basílica de la Virgen de Caacupé, donde ofició una misa en la que dedicó su homilía a la mujer paraguaya.

De allí retornó a Asunción, donde hizo una visita sorpresa al padre Aldo Trento y luego fue al León Condou, donde mantuvo un encuentro con la sociedad civil. También pasó a la Catedral de Asunción, donde llenó de elogios a la infraestructura. Como última actividad de aquel sábado fue al colegio Cristo Rey para la veneración del corazón de San Roque González de Santa Cruz.

El domingo, último día, lo dejó para compartir con los pobladores del Bañado Norte, además de oficiar una misa central, multitudinaria y recordada por la cantidad de barro en el Parque Ñu Guasú, pero admirada por el altar de maíz y coco construido por el artista Koki Ruiz.

Las siguientes paradas fueron la Costanera de Asunción para el encuentro con los jóvenes y el Ycuá Bolaños, donde lo esperaban familiares de víctimas fallecidas en el incendio del supermercado en el 2004, pero que finalmente no tuvieron oportunidad de verlo, debido a que la seguridad se vio sobrepasada y la comitiva decidió retirarse rumbo al aeropuerto, donde, se despidió agradecido con todo el pueblo. Fuente: HOY

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